domingo, 9 de mayo de 2010

Perfil de una madre

Si hubiese un anuncio de trabajo buscando una madre, podría ser el siguiente:

"Se busca mujer, la edad da igual, pues el puesto es para toda la vida, dispuesta a no mirarse el ombligo nunca más, a estar siempre disponible para sus hijos, a escucharles, antenderles y cuidarles. Se requiere mucha paciencia para oír lo mismo mil veces, para luchar, para pelear, para decir no en muchas ocasiones. Necesarias dotes de psicología y de talento para todo: animadora de fiestas, sabiduría plena ("mamá, ¿cuáles son los enemigos de las avispas?"), cocinera, enfermera y leona para defenderles de adversidades. Y ante todo se necesita un amor incondicional".

Esto se bebe ya en el embarazo, ya que desde el momento en que tienes ese ser dentro cambia tu vida. Yo viví ese primer embarazo como si fuese una embriaguez de felicidad continua, cada patada, cada movimiento, cada hipo del bebé en mi vientre. Al segundo embarazo le haces menos caso, y las que hayan tenido más, seguro que menos aún. Es el milagro de la vida, pero a la vez tan normal como las millones de mujeres que han parido en el mundo por los siglos de los siglos. Y eso nos dota, a pesar de lo especial de cada vida, de la simpleza de ser algo insignificante en esa rueda de traer niños al mundo y hacer de ellos personitas que salgan adelante en la vida. Difícil tarea para la que no hay libros ni pautas, por mucho que se empeñen las psicologías modernas.

Hoy es el Día de la Madre en Alemania, y mi reflexión es la siguiente: no es el mejor país para ser madre en el siglo XXI: demasiado encorsetado el concepto, y la separación entre tener hijos y la vida laboral es brutal. La conciliación a jornada completa es prácticamente imposible, y las medias jornadas ya sabemos lo que traen, y eso si eres parte de las privilegiadas que las tienen, porque como salgas del sistema, no entras fácilmente otra vez. Por supuesto que es un privilegio tener hijos, que me lo digan a mí que los tuve por fertilización asisitida, pero no debería ser un impedimento para realizar otras tareas en países que te dejan estudiar y creer en una independencia como mujer para luego nada.

Cito a mi hija mayor, que el otro día, tras un berrinche laboral que me cogí por una desilusión de las de siempre: "Mamá, no tienes que hacer como si estuvieras contenta si no lo estás". Genial, vivan los niños, que te leen el alma. Y yo le digo: "Sofía mía: si quieres tener hijos en un futuro, piensa también en ti. Tus hijos te quieren igual". Y eso es lo que critico en el papel de la madre de hoy, la sensación de que tenemos que ser más expertas y perfectas en todo y encima negarnos a nosotras mismas. Eso no, por favor.

Pero aparte de soltar los mismos rollos de siempre, me quedo con el momento de felicidad del día: la alegría que les da a mis hijas todos los Días de la Madre venir a mi cama, despertarme y darme el regalito que han hecho con todo su cariño en el colegio y que han escondido y mantenido en secreto, y traerme el desayuno a la cama. El mismo amor infinito que tú les tienes a ellos te tienen ellos a ti. Y por eso lo hacemos todo, córcholis.

sábado, 8 de mayo de 2010

Más de barcos, espárragos y cenizas volcánicas

Al final si vi las fiestas del puerto anoche, y junto con miles y miles de personas, sin esperármelo, presencié la llegada del Queen Mary 2, uno de los barcos de pasajeros más grande del mundo. No llevaba mi cámara para captar el momento, a las once y media de la noche en punto, como nos dijo el amigo que nos acompañaba a mí y a mi hermana, y efectivamente, el barco fue puntual, como vieron miles y miles de personas a través del objetivo de su cámara mirando en la misma dirección. Yo les hubiera hecho la foto a todos ellos, pues era una imagen graciosa. Ya habíamos bebido las primeras cervezas de la noche, cuando bajamos del barrio de diversión, la Reeperbahn, que está arriba, al puerto, que está abajo, donde había más diversión por las fiestas. Normalmente se hace al revés: una vez atracado su barco los marineros suben a divertirse a la zona de prostitución y copas. Pues sí que es grandecito el barco, impresionante hasta para alguien como yo que jamás hará un crucero, pues la idea no me parece nada atrayente: estar encerrada varios días en un barco con miles de personas haciendo lo mismo. Y esas miles de personas que hacen todo de forma sincrónica, nos saludaron a los que estábamos en tierra, y pensé en el Titanic, y la emoción de cuando salieron y lo mal que les fue. También había un buque de guerra francés, y mi amigo bromeó sobre los marineros franceses... que a lo mejor nos gustaba ver el panorama. Era muy de noche ya, y no se veía nada del panorama, que o estaba durmiendo, o celebrando en las calles de arriba, como hacen los marineros que se precien, y la visita a la fragata era hoy de diez a cinco, con lo cual nos hemos quedado sin verles, por preferir ir de compras, otro placer mundano. Pero hubo más copas con gente de todo tipo, entre los fans del St. Pauli celebrando el ascenso a primera y las figuras extrañas de la noche, el mejor de todos un escocés con falda que iba haciendo eses por la calle por la que llevaba encima, o un inglés vestido como una cheerleader bailando en un bar. Aunque yo sabía que no iba a acabar así, dejé el coche en casa, algo que no hago nunca, para poder beber algo. No acabé ni mucho menos como el escocés, pero sí que aplicó lo de "si bebes no conduzcas", aunque el estado de muchos me hizo plantearme si es razonable que no controlen a los que van en bici.

Hoy ha sido día de resaca, es decir, de compras, o de lo que uno hace cuando la hermana viene a verte. Y como hermana no hay más que una, y debe empaparse en toda la teutonidad habida y por haber, el menú lo elegimos anoche por unanimidad mi amigo y yo: espárragos blancos, la comida del mes de mayo, con el jamón típico ahumado, el Katenschinken, y patatas cocidas. El me dijo que no me olvide del perejil fresco (nada de bote), que es muy importante. Me salté esa norma, y fue de bote, lo siento, alguna licencia me permito, pero es que la resaca me impidió apuntarlo en la lista de la compra. Pero a la visitante le ha gustado el plato típico, y encima hemos aprendido lo que no sabíamos: que la temporada del espárrago se acaba el día de San Juan y a partir de ese día ya no sacan ninguno de la tierra. Lo curioso es que mi hija de 9 años me ha explicado hoy por qué (lo que aprenden aquí en los colegios): a partir de ese día ya salen de la tierra y no mantienen el color blanco pues les da el sol, y que si son blancos es porque crecen debajo de la tierra, mientras que los verdes son de este color porque les da el sol (¿qué sol?). Ah, comprendo: los espárragos entienden de calendario. Me parece a mí que es más marketing que otra cosa. Le da seriedad a la estación de los espárragos, como se llama aquí, die Spargelsaison.

Es genial pasar tiempo con la hermana que una ve poco, y aunque hermana no hay más que una y la visita es por desgracia demasiado corta, espero que la nube volcánica que acecha en los cielos europeos no dificulte su regreso mañana. Ella ya está temblando, y yo, con la templanza que me caracteriza en pocas ocasiones le digo que si no podrá seguir disfrutando de 12°C y lluvia, tarta y café, y de toda la vegetación que tenemos, espárragos incluidos, y hasta el 24 de junio, tenemos tiempo.

viernes, 7 de mayo de 2010

El puerto dice que es mayo, ... pero no el clima

Quién me vuelva a hablar del calentamiento del planeta, se va a ganar una galleta. Todavía no me he quitado las botas, ni el abrigo. Hemos tenido semanas muy soleadas, pero con bastante frío. Abril ha sido bonito y claro, pero salvo un día a 26° C (¿lo habré soñado?), y dos a 20° C, no hemos pasado de 14°C. Y mayo ha empezado muy frío, con temperaturas máximas de 9 ó 10°C. Hoy lleva todo el día diluviando, y aunque la naturaleza sigue imparable y los pájaros se desgañiten a cantar, parece noviembre. Aquí a los pájaros hay que mandarlos callar, pues se les oye cantar a las tres de la mañana, pues en esta epóca del año amanece a las cuatro, así que cantan por anticipado, y siguen cantando a lo largo del día. Los árboles están impresionantes, miren estos ejemplos delante de mis narices:
Pero nada, aquí seguimos oyendo llover, y el cumpleaños del puerto se fastidia. Hoy y hasta el domingo, Hamburgo celebra no el aniversario de su puerto, sino su cumpleaños, el Hafengeburtstag, 821 añitos nada menos. Vienen barcos antiguos para la ocasión, buques de guerra, y hasta los remolcadores realizan un ballet en el agua. Y a lo largo del río Elba, se ponen los puestos típicos de cerveza, de salchichas, de pescado, y la verbena, y la ciudad celebra lo que le hizo rica, ese puerto fluvial tan gigante que hace de una ciudad del interior una ciudad marítima. Un millón de personas se acercan a celebrar, llegadas de toda Alemania incluso. O visitantes de España, como me ha pasado a mí en varias oscasiones.
Como este año no voy a ir, muestro fotos de hace dos años, de cuando el mes de mayo era como debe ser, y el cumpleaños del puerto no quedó deslucido, pues hoy las fotos saldrían muy grises. Además este año me lo pierdo voluntariamente, como en realidad suelo hacer, y no estoy triste por ello, si no todo lo contrario. Tengo un buenísimo motivo para estar muy contenta, y no es por el cumpleaños del puerto, ni por el clima que debería tranquilizar a los catastrofistas de que no hay calentamiento del planeta, y ese motivo no llega en barco sino en avión.

jueves, 6 de mayo de 2010

Finito, por favor

Soy el terror de los mercados y de todo charcutero alemán. No entiendo por qué se empeñan en cortar las lonchas de embutido tan gordas, pero de la misma manera yo sigo empeñada en que me las corten finitas, y cada vez que pido algo digo: "Salami, pero cortado finito", "Jamón York, pero finito por favor", y así con todo lo que pido, y lo mismo con los filetes o todo lo que me corten. Y en el mercado, como nos lo cobran todo a precio de oro y el cliente es rey, lo suelen cortar finito sin rechistar cuando se lo pides, pero también he recabado comentarios de tipo: "¿Así?", con recochineo, o "¿es lo suficientemente transparente?", o "Se lo raspo si quiere".

Son preguntas filosóficas sin respuesta. Cuando se ponen chulitos yo les digo que es que yo me pongo la misma cantidad que ellos ponen en una locha pero que con el aire entremedias sabe mejor, que es otro sabor (y es cierto, a mí me sabe mejor). Pero salvo economizar tiempo a la hora de cortarlo, no hallo la respuesta desde que hago la compra en este país. Pero la vida diaria plantea otras preguntas filósoficas. ¿Por qué aquí a los huevos antes de cocerlos los pichan con un "aparato" para sacar el aire? Es para que no se rompa la cáscara al cocerlos, dicen. Bueno, la física nunca se me dio bien, pero aseguro que aunque se pichen se rompen a veces también, y en España los huevos duros o pasados por agua no se rompen, aunque no se pinchen. Yo siempre digo que eso es ingeniería alemana, que el primero al que se le ocurrió lo de pinchar el huevo en crudo descubrió la piedra filosofal y relajó a generaciones de alemanes a la hora de cocer un huevo, y si de eso se trata, pues vale.

¿Por qué aquí no puedes mandar a nadie a freír espárragos? Porque aquí se cuecen. Ya estamos en la temporada de espárragos, y antes, en el mercado, con mis filosofías de andar por casa he reflexionado sobre tal pregunta. "Vete a cocer espárragos", se diría aquí, pero no se entiende la gracia. Aquí, los espárragos que se comen son los blancos y no los verdes, pues crecen como hongos por toda la zona de la Lüneburger Heide, un parque nacional en Baja Sajonia cerca de Hamburgo. Y a los alemanes les dan grima nuestros espárragos blancos fríos de lata, pues ellos sólo los comen frescos, pelados por ellos mismos en casa, en caliente y con salsa holandesa o mantequilla por encima y acompañados de jamón, que parecería jamón serrano sino fuera porque es ahumado (y en lonchas gordas, claro), y patatas cocidas, el plato por excelencia del mes de mayo en todos los restaurantes y hogares, una combinación que me ha parecido siempre surrealista. Son monotemáticos, dice mi amiga (española, claro), pues el mes de mayo nos salen los espárragos por las orejas. ¿Y por qué los jamones aquí se ahúman y en España se curan con el aire? ¿Por qué aquí les gustan tanto los embutidos ahumados y yo me paso la vida pidiendo en el mercado todo lo curado? ¿Por qué beben agua mineral con gas y a nosotros nos gusta la insípida, como dicen aquí? ¿Por qué los belgas sólo comen filetes que están casi crudos y que se van corriendo del plato de lo vivos que están? ¿Por qué Carrefour ha vuelto a introducir en España las bolsas de plástico ante las quejas de los clientes a los que no les gustan las bolsas biodegradables o menos aún pagar por ellas? ¿Por qué no pueden los españoles reutilizarlas llevándoselas de casa? ¿Tanto les cuesta?

Preguntas sin respuesta. Como lo de la salchicha. En alemán se dice que todo tiene un final, salvo la salchicha, que tiene dos. Pues eso.

lunes, 3 de mayo de 2010

El ascenso imparable del St. Pauli

El St. Pauli lo ha conseguido: tras su victoria de ayer, asciende a la Bundesliga, la Primera División alemana. Y con ello Hamburgo es la única ciudad alemana que tendrá la próxima temporada dos equipos en Primera, lo que le da siempre animación a la cosa, por los derbis. El nombre del equipo es el del barrio de St. Pauli, cuyas calles más conocidas forman el Kiez, palabra de origen eslava para referirse a zonas dentro de un barrio que no tienen autonomía como tal, pero en este caso se asocia con prostitución y juerga, y es lo más irreverente que tiene Hamburgo, con la Reeperbahn como centro neurálgico de las demás calles de alrededor que forman el distrito rojo donde anoche se celebró el ascenso hasta altas horas de la madrugada. El estadio del St. Pauli se encuentra en este barrio y esta zona, y este club es mucho más que un club: cuidan su imagen cutre, de rockeros, de equipo que se define más por su afición que por su juego. Por eso es todo en éxito ascender y codearse con los grandes. Me imagino ya un encuentro entre el Bayern y el St. Pauli, y deben ser mundos los que se enfrentan, y seguro que dará para mucho.

El St. Pauli estuvo ya brevemente en la Bundesliga cinco veces, para volver a descender siempre a la liga regional. Espero que esta vez les dure. Hoy, a su llegada al aeropuerto, los jugadores han sido recibidos a gritos de "Nunca más en segunda".

El momento del ascenso es perfecto, justo cuando el club está a punto de cumplir 100 años, concretamente el 15 de mayo. Sabía que el aniversario del club era en mayo, pero no que fuese el día de San Isidro, el patrón de Madrid, y es un detalle que no me puedo creer: mi hermano es un visionario, además de cantante en su tiempo libre. El año pasado, durante una de sus visitas a Hamburgo, se compró la camiseta negra con la calavera blanca, símbolo del St. Pauli, y actuó con ella puesta por las fiestas de San Isidro de Madrid del año pasado llevando a la vez una gorra de chulapo, extraña coincidencia por ser el 15 de mayo la fecha de la fundación del equipo. Hasta ahora me imagino que nadie conocería el significado de esa camiseta en los conciertos en Madrid, pero espero que ahora pase menos desapercibida, pues una vez que resuene el St. Pauli en la Bundesliga alemana, la simbología de este equipo de culto podría ser algo más conocida más allá de las fronteras del Kiez, de Hamburgo y alemanas. Y si no de eso se encarga mi hermano. El que quiera que su equipo suba a Primera, que le regale una camiseta, y él hará el resto. No le conocen bien, además de único y que se mueve como ninguno, como le canta Javier Calle en una de sus canciones, en cuyo grupo canta, es un tío genial. Y Javier es otro tipo estupendo de mucho talento y juntos se lo pasan pipa.

Y lo bien que se lo van a pasar los aficionados del St. Pauli la liga que viene, y lo bien que van a cumplir sus 100 años. Me alegro. Y lo bueno es que no creo que vaya a cambiar la imagen del club para convertirse en algo comercial. De eso se encargarán sus fans, estoy segura. Estoy por comprarme la camiseta y ponérmela este verano. Unas cuantas venderán, de eso estoy segura. Mi hermano, que siempre habla de la psicología de Opañel, tenía razón.

domingo, 2 de mayo de 2010

Ceremonias

Hoy ha tocado ir a una comunión. Estas ceremonias tienen para mí una problemática muy grande en Alemania, por el famoso qué me pongo. Como española tienes el problema de desentonar siempre, es decir, de llamar la atención te pongas lo que te pongas, y no se trata de ir descocada sino de ir arregladita pues probablemente irás mejor vestida que la madre de los novios, en este caso de los niños que han hecho la comunión (eran mellizos, niño y niña). Encima era en un pueblo de Schleswig-Holstein, o sea, que todavía en la ciudad..., pero ahí era la mayoría tipo Schützenverein, las asociaciones de tiro que hay en muchos pueblos alemanes, donde eligen ceremoniosamente al representante y realizan todo tipo de fiesta llena de folclore rancio. Si me hubiera puesto un Dirndl o un pantalón tirolés hubiera ido muy bien, pues había muchos vestidos así. El "colorido" del público iba desde los que iban en vaqueros, a los que iban folclóricos (la próxima vez iré de faralaes, para que se note cuál es mi tierra), o uno lleno de cadenas que seguro que había dejado la Harley a la puerta, y una vestida de puntillas blancas y sandalias de taconazos blancos tipo "pilingui" que al entrar en la iglesia ha provocado que todo el mundo se diera la vuelta). A todo esto me acuerdo ahora de un amigo mío de España que me contó que cuando bautizó a su hija en una iglesia muy conocida de Madrid, como se bautizaba a varios niños a la vez, había unas latinas despampanantes con una buena pechera, y que toda la iglesia se pasó el bautizo mirando a la madre y la madrina del bebé. Que no digan que las iglesias no sirven para un buen estudio sociológico.

Y es a lo que yo me he dedicado, pues en Alemania todavía no se han dado cuenta de que menos es más, es decir, que más vale que cantaran un par de estrofas menos y se explayaran menos con el órgano. Me refiero al de música, claro, no sean mal pensados, aunque en los tiempos que corren hay que especificar, a juzgar por la que se ha montado aquí por los abusos de los curas católicos en colegios. Muchos católicos han abandonado la iglesia en estampida, y no me refiero tampoco a la comunión de hoy, sino en general, porque aquí le descuentan al fiel su cuota de la nómina. Hoy se habrán borrado otros fieles más del club, pues la misa ha sido un tostonazo, y desde luego que no han atraído a nuevos fieles, si alguno dudaba. Que se lo pregunten a mis hijas, a las que me ha costado mantener calladitas durante hora y media, y la mayor, al darle yo un euro para la colecta me salta: "Yo no pago ni loca para algo tan rollo. Encima." Y ahí me ha dado a mí tal risa, que la abuela desconocida que estaba sentada a mi lado me ha lanzado una mirada asesina.

Al menos ha hecho solazo, pero yo no me he quitado el abrigo, pues el fresquito de Schleswig-Holstein se las trae, y otra vez yo desentonaba: la gente iba vestida de verano con 14°C, pero claro, es mayo y hacía sol, y la percepción mía del calor es otra a la de los alemanes. La camarera del restaurante estaba empeñada en que me quitara el abrigo, y he tardado en hacerlo (tras comerme la sopa). Y el día ha sido como son estas ceremonias: hasta nos ha dado para el paseo típico para bajar la comida, antes de meternos el café y tarta de la sobremesa para el cuerpo, y esto lo hemos tomado sentados fuera (yo con mi abrigo, claro). Los niños estaban corriendo por el bosque y yo, como madre española peco de miedica de dejar a los niños fuera de mi vista. Los alemanes llaman a eso independencia, y yo lo llamo confiar demasiado en la bondad de los seres humanos desconocidos que pasean por el bosque y se encuentran con unos niños solos.

Y mientras observaba, pensaba que me quedo con las confirmaciones que hacen los daneses. Para los protestantes, como no hacen la comunión, la confirmación es el sacramento principal, y los daneses lo celebran dejando que el chaval o chavala de 14 años se emborrache por primera vez en sociedad, es decir, que tras la ceremonia en la iglesia, ponen alcohol a disposición, y hala, a emborrachar al crío. La idea es que tu hijo no se quede tirado por ahí en su primera borrachera. Qué prácticos son estos daneses, y ahorrativos, pues me enteré que nuestros amigos daneses vinieron hace un mes antes a Hamburgo sólo para comprar alcohol para la confirmación de su hijo en Dinamarca. Pensando en el gasto en gasolina, les debió merecer la pena. Y es que celebrar siempre merece la pena. Yo lo de hoy lo he visto como estudio sociológico, pues poca gana tenía, y mentiría si no dijera que no he ido pensando en este blog...

sábado, 1 de mayo de 2010

Pobres islandeses - aunque ya les vale

La que les espera a la familia de islandeses que vive ahora en este barrio. Mi hija me ha contado que en el cole hay ahora una familia de islandeses, es decir, sus hijos, y que los ha conocido esta semana. Ningún islandés va a pasar desapercibido jamás, y para ellos habrá un a.v. y un d.v. (un antes y un después del volcán, como el antes y después de Cristo). Y es que me lo imagino como si fuera yo islandesa. No tendrán ni un sólo día en el que no oigan un comentario de la explosión de lava de hace dos semanas: "Anda, que... vuestro volcán, ¿eh?". Es que me lo imagino como si lo viviera yo. "Mi madre se quedó tirada en Togomolinos", "Yo tuve que quedarme una semana más en Hong Kong".

Ser de un país y vivir en otro te hace ser representante de tu país lo quieras o no. Y la gente, al saber que eres islandés o español te suelta lo que sepan de tu país, por hacerse los interesantes, o informados, ... o los listos. De los islandeses no sabemos mucho, pero el volcán les va a dar un juego que para qué. Yo llevo recabando comentarios geniales a lo largos de mis años como embajadora de la madre patria: desde una señora que me dijo hace muchos años que le habían dicho (atención al le "habían dicho") que en los restaurantes españoles hay arañas, a una chica que me dijo en tono recriminatorio que los españoles quemamos una biblioteca en México hace un par de siglos (atención al "quemasteis"; y si hubiera sido sólo eso lo que quemamos, por cierto), o los muchos que me han dicho que no hay quien coma nuestra fruta de Almería o las fresas de Huelva por los pesticidas que llevan (ahí oigo siempre un "aaaanda que ...vuestra fruta", que sobreentiendo aunque no lo digan), por no hablar de la vergüenza que son las corridas de toros (ni que yo hubiese ido a alguna), o uno de los mejores comentarios que me han hecho fue cuando un compañero de trabajo me dijo que para mí debía de ser durísimo tener que rendir en las horas de siesta, estando acostumbrada a dormir a esas horas. Ni que yo me hubiera echado muchas siestas en mi vida.

Pero la que se me avecina es buena. Lo estoy viendo venir: ya empezó hace dos meses con un cuñado mío que en una llamada de teléfono desde China (y esto no es broma), sin venir a cuento me dijo que "Zapatero se ha cargado toda España", y sigue con un alumno mío, que antes de enterarme yo que Standard & Poor's le había bajado el rating a España me lo dijo nada más llegar a clase en otro "anda que España...". Y yo mantuve el tipo durante el ataque como pude. Y eso que ya me lo dijo hace seis semanas mi amigo, economista que se dedica a hacer ratings en un banco: que él le había bajado ya la nota a España ese mismo día. Como me tiene cariño, me lo dijo bien, como información, y yo ese día no le hice caso, pues tenía otras cosas más importantes en la cabeza, como siempre tengo, claro, pero mira qué razón tenía mi buen amigo, y encima se ha adelantado seis semanas. ¿Es que nadie pudo prever la crisis?

Y estos días estoy leyendo mucha información que podría ser utilizada en mi contra, es decir, como comentario para establecer conversación en cualquier fiesta, clase, o cualquier sitio, pues se trata de demostrar que saben algo. La prensa alemana y las noticias en televisión hace ya cálculos, tras el debacle griego, de lo que podría costarle a los alemanes la bancarrota española, y a mí esto me empieza a hacer poca gracia. Vale, nosotros les caemos mejor que los griegos, pero cuando a un alemán le rascan el bolsillo, por muy buenas playas que tengamos y buenas paellas que hagamos, ahí se acaba la empatía, que lo sé yo.

Empiezo a prepararme mentalmente para la que se me viene encima y me haré una lista de respuestas, para estar preparada: que los que se han enriquecido en los años del "boom" del ladrillo, no son los que van a pagar la crisis ahora, que esos se han ido de rositas; sí, la tasa de paro es desorbitadamente alta, pero no podía ser que todo se basara en la construcción, y que los bancos han especulado como no debieron, como en todo el mundo, también en Alemania. Pero ya oigo el "anda que... ya os vale, ¿eh?".