sábado, 18 de julio de 2009

Me voy

Mañana me largo...

  • a mi país
  • a ver a mi familia
  • a la playa
  • al pueblo de mi madre
  • a ponerme morena (que falta hace)
  • a pasar calor
  • a descansar (más mentalmente que físicamente)
  • a ser una española extranjera durante tres semanas (aquí soy una extranjera española)

Echaré de menos este blog y mi portátil. Echaré de menos a mis lectores, aunque a algunos los veré. Probablemente mi blog necesite vacaciones, yo de momento no de blog, aunque sí de otras cosas. Y descansaré. Que descanse este blog y mi cabecita pensante durante tres semanas. Seguiré pensando, eso sí. Y a mi vuelta habrá más. Un abrazo a todos.

viernes, 17 de julio de 2009

La "tortura" del bilingüismo

El otro día mi hija pequeña me dijo que soy una malvada por hablar con ella en español mientras que con el resto de la gente de aquí hablo en alemán, que le parece injusto. Ayer me preguntó que por qué me gusta tanto el español y que por qué me empeño en hablarlo. Le dije que porque es MI lengua, igual que la suya es el alemán, que cuando yo era niña sólo hablaba en español, y que ella encima tiene la suerte de poder hablar dos. La mayor entró en la conversación: "¿Sabes, Natalia?, es un privilegio hablar dos idiomas, hay gente que nos envidia por ello, y de mayor no se aprenden tan fácilmente como ahora de pequeño". Se lo dijo en alemán, claro, pero algo es algo. Ella ya se da cuenta de las ventajas, y la pequeña tardará un poco pero lo verá también.

Vamos por los sitios llamando la atención con la mezcla que hablamos. Yo les hablo en español, y ellas, en la mayoría de las casos me responden en alemán, por vaguería. Yo insisto y les respondo en español, ellas en alemán, hasta que les arranco un par de frases y vuelta a empezar. Pero a veces le ven el lado positivo, como cuando estamos en algún sitio y se quieren ir a casa: "Mamá, vámonos, me aburro", ... cuando quieren, saben. Y a veces les sale el orgullo: una vez en una tienda la vendedora nos miraba sorprendida al oírle hablar español a la mayor. Le dijo: "Me imagino que el alemán lo hablarás igual de bien", a lo que ella respondió, "Aber natürlich!", 'pero por supuesto'. Como además tiene pinta de nórdica y nada de española (muchas veces me han tomado por la canguro), nadie se espera que vaya hablar español fluidamente. Eso es como una vez en un parque en Bruselas donde escuché a una mujer oriental hablándole a su hijo en español con acento mexicano, y le dije "A ver, esto me lo tiene que explicar usted". Y si nosotros nos creemos que este bilingüismo es algo excepcional, en una ciudad como Bruselas éramos bastante normalitos. Aquí es algo exótico.

La suerte es que haya llegado a ser algo natural, pues conozco a dos personas de mi edad a los que las madres pudieron transmitirles su lengua materna, y no lo hicieron por miedo a que sus hijos no se integraran, o peor aún que los discriminaran: una madre sueca y una madre coreana hablaban sólo alemán con sus respectivos hijos, y sé de más casos. Me parece innatural hablar con tus hijos otro idioma que no sea el tuyo, pues siempre tienes dudas y hay cosas que no sabes decir bien y no creo que les estés haciendo ningún favor y menos que estés siendo tú. Pero la animosidad de alrededor debía ser tremenda para sentir que les estaban perjudicando por hablarles en otro idioma. Menos mal que hemos avanzado en eso. Yo seguiré peleando, porque sé que me lo agradecerán algún día. Sólo por oír el año pasado a mi hija pequeña a la vuelta de las vacaciones decir "jooooope", con el tonillo de los niños españoles, pienso que merece la pena torturarla de esa manera.

jueves, 16 de julio de 2009

Ir en bici

Esta mañana he presenciado un accidente terrible, o mejor dicho sus consecuencias. Iba en coche y al llegar a un cruce había una persona tumbada en el suelo llena de sangre, sin moverse, y de rodillas a su lado un hombre llorando. La bicicleta estaba tirada en el suelo, el coche a un lado de la calle. Empezaron a pararse vehículos para ayudar. Yo continué pues por ir con niñas, no creo que hubiera sido una gran ayuda, además de que mis hijas quedaron impresionadas por lo que vieron.

Pero desde entonces no se me va de la cabeza la imagen. Hamburgo es una ciudad en la que se puede ir perfectamente a todos sitios en bici. La ciudad es plana, hay carriles bici por todas partes, y en general funciona la convivencia entre coches y bicis. Pero hay veces en las que pienso que es demasiado peligroso. Como conductura a cuatro ruedas y nunca a dos, pues no sé montar en bici, siempre que se me mete un ciclista sin mirar pienso que aunque él tenga la culpa y yo no, lo peor me podría pasar sería pillar a alguien, y si fuera un niño sería un dolor que no podría soportar. Se cometen muchas imprudencias por ambas partes: ciclistas que van por el lado de la calle donde no deben, o van sin luces en la oscuridad del invierno, o conducen sobre el hielo de la calle cuando estamos a bajo cero, o van muchachitos con bicicletas demasiado grandes para ellos tambaleándose de un lado para otro, y hay coches que salen demasiado rápido de garajes o calles sin mirar si viene una bici. Conozco a gente que ha tenido terribles caídas con la bici, y luego me tratan de convencer a mí de que aprenda.

Para mí es demasiado tarde. O lo aprendes de niño o mejor dejarlo. Mi hermano nos trató de enseñar a mi hermana y a mí. Él, gran deportista desde pequeño, desistió al ver que una vez, al no poder yo frenar la bici, me salté y la dejé irse sola cuesta abajo ... No le hizo mucha gracia, claro. Aquí los niños comienzan desde bien pequeñitos a montar, y muchos ya saben con tres y cuatro años. Y empiezan a ir al cole en bici y a la puerta se ven montones de bicicletas aparcadas. En tercero o cuarto les hacen un examen de bicicleta y les entregan el carné correspondiente. Pero yo sigo viendo a muchos muy inseguros, y otras madres me miran como si fuera una exagerada por no dejar a mi hija ir sola en bici atravesando cruces de mucho tráfico. Para mí no se trata de saber o no saber montar en bici, sino de tener la madurez y la visión de conjunto necesaria. Al que han pillado hoy era una persona adulta, y como en todo, peligro hay por todas partes y la mala fortuna te juega una mala pasada por estar el segundo equivocado en un sitio determinado.

Llevo años justificándome por no saber montar: "Es que en España en mi época no aprendíamos", "Es que la bici no es un medio de transporte en España". Aquí las familias hacen excursiones todos juntos en bici, organizan incluso vacaciones en bici, haciendo cada día bastantes kilómetros. Yo llevo años rechazando todo tipo de invitaciones a recorridos en bici. Y mis hijas alguna vez se han quejado: "Nosotros nunca podremos hacer una excursión en familia en bici", algo que a mí no me causa ningún trauma, la verdad. Pero lo mejor fue la cara de mi suegra, holandesa, cuando se enteró de que yo no sabía montar. Para un holandés, es algo incomprensible, siendo Holanda el país por antonomasia de la bicicleta. Empezó a reírse a carcajadas y dijo que eso había que arreglarlo. Y así seguimos, sin arreglar ese "problema", como muchos otros.

miércoles, 15 de julio de 2009

Atascos planificados

Hoy acaba el curso escolar. Las notas las dieron ayer, y hoy es la despedida y todo el mundo empezará a desfilar hacia su lugar de vacaciones. Como estamos en Alemania, no todos salen a la vez, y ahora nos toca a los hamburgueses. En otros Estados Federales estarán en el cole otra vez a comienzos de agosto, algo que mentalmente, cuando me toque, me costará aceptar, puesto que habiendo tenido desde niña todo el verano libre, me cuesta ver empezar el curso tan pronto. Son seis semanas de vacaciones exactas de verano las que tienen los niños, y cada año son en fechas distintas. En realidad para ellos son más que suficientes, y para las madres que los acompañan tantas semanas también, para qué voy a decir lo contrario.

Las vacaciones escolares son escalonadas en toda Alemania para evitar que todos los Estados Federales estén de vacaciones a la vez, y prevenir atascos y que los sitios estén llenos. Aunque claro, si vas a Baviera, por ejemplo, y los bávaros ya han vuelto al colegio, probablemente te encuentres a gente de tu estado federal. Los calendarios de vacaciones aparecen en internet o en la prensa a años vista, es decir que si quiero planear las vacaciones de 2012 ó 2013 puedo hacerlo. No se crean que nos van a dejar así empantanados sin poder programar el viaje con antelación, pues aquí a la gente le gusta hacerlo todo con tiempo. Acabo de ver que en 2012 las de verano serán del 21/06 al 01/08, con lo que el 2 de agosto volveremos a estar metidos en el curso escolar con la sensación de que nos han robado el verano. Ay, menos mal, en 2017 serán del 20/07 al 30/08. Como ven en un "par" de añitos se van corriendo las fechas hasta tenerlas más tarde otra vez y listo, que les toquen a otros las fechas raras, y vuelta a empezar. Qué alivio poder planificar hasta el 2017 aunque para entonces ya estemos casi saliendo de estas ataduras. Los que no tienen niños son los que se las cogen el resto del año, beneficiándose de ofertas de vuelos y de precios más baratos, y evitando ir a los sitios cuando está todo lleno de niños. No digan que no es justo el sistema.

El sábado pasado me tocó el atasco de los daneses en la autopista. En la A7, de bajada de la frontera danesa hacia el resto del sur, no había más que autocaravanas y coches con matrícula danesa. Probablemente ellos iniciaban las vacaciones ese día. Y tampoco le vi la ventaja al sistema al estar parada junto con media Dinamarca, por salir todos en estampida, y me preguntaba que cuántos kilómetros estarían dispuestos a hacer los daneses para pasar unos cuantos días fuera de su tierra, tan lejana de todo. Como mi límite para viajar en coche son seis o siete horas como mucho y todo lo demás me parece inhumano, no envidio a la gente que atraviesa media Europa en coche. Pero conozco a muchos que lo hacen, y a los que no les importa. Lo divertido son las historias: "Nos pilló el regreso de los de Renania-Palatinado, y por eso había atasco por allí" o "como todos los bávaros salían también estaba colapsada la autopista a Austria". Genial. Se trata de planificar los atascos y de no revolvernos a todos.

La mayoría de mis conciudadanos hamburgueses saldrán "hacia arriba", pues he oído de cantidad de gente que se va a las islas del Mar del Norte (Sylt, Amrum, Föhr) o del Báltico (Usedom, Rügen, Fehmarn). Viendo el tiempo que estamos teniendo este verano, que no es distinto a cualquier verano aquí, se conforman con poco: un día de calor, tres de lluvia, dos templados, cinco de otoño. Demasiado arriesgado para mí. Así que unos cuantos como yo desaparecerán en un avión lleno de niños bilingües, como me pasó el año pasado, para pasar por fin CALOR, con mayúsculas. Y sin atascos, salvo los que me toquen en España, que serán más espontáneos y desorganizados, como somos nosotros.

martes, 14 de julio de 2009

El amor a los animales y a otros "bichos"

Cuando corro por el bosque oigo todo tipo de sonidos de la naturaleza: desde las hojas moviéndose al son del viento, siempre presente en esta región, a los pájaros cantando, incluso a un buho a mi paso, y a un pájaro carpintero que tengo localizado. Por el árbol de delante de mi casa escalan a menudo unas ardillitas que deben o vivir ahí o en otro árbol cercano. Se ven erizos cruzar la calle por la noche, y hay que ir con cuidado de no pillarlos. A veces cruzan también la calle conejos que andan sueltos por ahí. Y luego tenemos a las martas, que en su adaptación al mundo moderno se comen los cables de los coches y más de un conductor no ha podido arrancar el coche por la mañana, tras el atracón la noche anterior del simpático animalito.

Por supuesto que no debe extrañar encontrarse a tanto animal si se vive rodeado de bosques y en una ciudad tan verde. Pero la visita que tuve hace poco de España me comentaba que en España ya ni en los pueblos se ven animales. Que la gente se los carga, con esa falta de respeto hacia los animales que nos caracteriza. A mí no me gustan los animales, y reconozco que no toco ningún bicho, pero no me deja indiferente la forma con que se los trata. No voy a entrar en el tema de los toros, que aunque no me gustan y no he ido ni iré nunca a ninguna corrida, puedo entender la afición y la pasión de muchos. Pero no entiendo la fiesta famosa en la que tiraban a la cabra desde el campanario de la iglesia, sustituida ahora por una de cartón piedra (muchos dirán que no es lo mismo, claro), y por la que algún alemán alguna vez me ha pedido cuentas, como si yo tuviera la culpa. Y desde luego que no entiendo el regocijo colectivo de hacer sufrir a ningún animal y encima celebrarlo, como ocurre con muchas fiestas nuestras en las que sobre todo el toro es el protagonista.

Cerca de donde vivo hay una calle cortada al tráfico con dos barreras que delimitan un tramo considerable y a ambos lados sendas señales indican que es zona de paso de ranas. Con mi desconocimiento del medio, yo nunca he sabido de estos fenómenos naturales: en primavera, las ranas inician unas marchas para poner los huevos en los sitios donde están acostumbradas a hacerlo siempre. Como tienen que atravesar carreteras, muchas son atropelladas en el intento. En Alemania, existen desde hace muchos años iniciativas para poner lonas a los lados de la carretera o cubos para luego transportar de manera segura a las ranas al otro lado. Bastante gente se involucra en este tipo de actividades. Desde luego que como en todas partes aquí habrá luchas ilegales de perros o gallos, pero no he sabido nunca de ninguna celebración pública donde el sufrimiento del animal sea el protagonista. Algo muy distinto en España, donde justificar tales fiestas diciendo que son "tradiciones" me parece más que antagónico y fuera de lugar.

Por otra parte aquí me choca que haya en muchas ocasiones más amabilidad hacia los animales que hacia las personas. Aquí se puede entrar en el metro o en el autobús con un perro, y a veces he pensado que es mejor ser perro que niño, a juzgar por las caras que pone la gente en sitios públicos cuando entras con niños. Durante años me peleé con toda la clientela de una pescadería de mi antiguo barrio en la que yo entraba con el carro del bebé, ya que me exigían dejarlo fuera, pues la tienda era estrecha y "molestaba". El dueño me dijo que ni se me ocurriera, que él tenía nietos, y que nunca los dejaría fuera, y yo le dije que si no dejaría de comprar ahí. Así que armada de valor seguí entrando y soportando las miradas de odio e incluso comentarios, pues lo normal es dejarlo fuera, cual perro, ni siquiera atado, aunque los perros entran a veces en las tiendas también. Es curioso vivir en un país en el que conviven las señales avisando del paso de las ranas con otras que prohíben el ruido de los niños (Das Lärmen der Kinder ist untersagt, rezan algunos carteles). En realidad son todos bichos, ¿o no?

lunes, 13 de julio de 2009

Qué haría yo sin la técnica

Llevo unos días feliz con mi nueva radio de internet. La he colocado en la cocina y me divierte investigar las miles de emisoras de todo el mundo que puedo oír. Este fin de semana he estado cocinando a ritmo de Bollywood Hits y de bossa nova, he descubierto una emisora sólo de flamenco (no soy aficionada, pero por si me diera morriña...), y hay cantidad de emisoras curiosas. Lo mejor ha sido volver a oír mi emisora favorita de Bélgica, la que siempre oía mientras cocinaba, y lo divertido ha sido que parecía que no hubieran pasado dos años desde la última vez que la oí, con las mismas noticias de siempre: en Bélgica nunca hay consenso de nada, con constantes coaliciones y negociaciones por doquier. He escuchado el neerlandés gutural de Holanda, donde pedían a los oyentes que votaran el pueblo de Holanda donde quieren poner una calle dedicada a Michael Jackson, algo que todos estábamos esperando, para luego oír el flamenco, el holandés elegantón de Bélgica, con la radio de Amberes. Y por supuesto que he oído emisoras españolas también. La radio en español me trae muchos recuerdos, pues en casa de mis padres está siempre puesta, y el sonido de las melodías e incluso los anuncios tienen ese poder evocador que ciertas cosas siempre guardan, a través de los años y la distancia.

Entre esta radio ahora, y tras mi ordenador ahora mi portátil, vivo enganchada al mundo exterior a través de la técnica. Si pienso en cuando llegué a Alemania, en 1990, no se pueden comparar para nada las posibilidades de comunicación con el resto de mi gente. Aunque mucho peor lo tuvieron los emigrantes españoles que llegaron a Alemania en los años 50 y 60, totalmente desconectados de su tierra y con la sensación de vivir aún más lejos. Porque hoy día es mucho más fácil todo: seguir al tanto de lo que ocurre en tu país y tener más contacto con los tuyos. Durante muchos años sólo hablaba una vez por semana con mis padres, y a un marco por minuto (1 DM = 80 ptas), la conversación era cara y había que estar mirando el reloj todo el rato. Ni punto de comparación hoy día con la tarifa plana que tengo y que casi prefiero no propagar mucho porque cada vez me da más pereza llamar por teléfono.

Y como a todo se acostumbra uno, ahora ando pensando en lo que voy a hacer durante las tres semanas de mis vacaciones sin ordenador. Cada vez me cuesta más estar sin él. El ordenador es mi lugar de búsqueda de todo tipo de información, de lectura de la prensa, es mi diccionario, hace las veces de teléfono, ya que prefiero mandar e-mails muchas veces en vez de llamar, y me permite mantener contacto con mucha gente a la que si no le perdería la pista fácilmente, como ocurría antaño. Así que será difícil prescindir de mi portátil durante unas semanas, además de este blog, al que me he acostumbrado muy rápidamente. Y lo echaré de menos cuando necesite despotricar de las cosas que me molestan cuando estoy en mi tierra, como cuando voy al parque con las niñas y me encuentro colillas, cristales, y hasta excrementos de perro, cuando veo la suciedad de la calle y la falta de civismo de la gente y el ruido tan gratuito que hay por todas partes. Así que volveré a mis libretas, donde siempre he apuntado pensamientos e ideas, y apuntaré, para, en cuanto vuelva a tener la técnica a mano, propagar mi sensación de apátrida, de no estar bien en ninguna parte y seguir quejándome, que es lo que mejor se me da, en un sitio u otro. Nada mejor que el ordenador para, como su nombre indica, "ordenar" las ideas, para no perder el vínculo con el exterior y no pensar que nuestro ombligo es el centro del universo, pues sin moverte de tu casa participas de lo que ocurre en el resto del mundo. En unos cuantos días saldré "al mundo" y, aunque no tenga ordenador, seguiré observando, pero ahora le tocará al otro lado.

sábado, 11 de julio de 2009

Educación musical

¿De dónde viene el interés por aprender a tocar un instrumento? Cuando mi hija mayor, a sus cinco años entonces, declaró que quería aprender a tocar el arpa, me dejó completamente anonadada, y nunca he sabido de dónde le venía ese deseo. Le pregunté si no se le ocurría otro instrumento más "manejable" para su tierna edad, y tras meditar un tiempo, me dijo que el violín entonces. Dejé pasar un tiempo, por si era una moda pasajera, pero tras seguir muchos meses empeñada en ello, empezó con las clases. Lleva ya más de tres años tocándolo, y podemos decir que es su instrumento. No obstante su objetivo sigue siendo tocar el arpa un día. Y cabezona es.

Si lo comparo con mi interés por la música clásica (ninguno, por desgracia), con que no toco ningún instrumento, y ni sé solfeo, me considero una analfabeta respecto a la mayoría de la gente aquí. No es que todos toquen algo, pero muchos sí, y solfeo sabe todo el mundo. Todos los alemanes son capaces de cantar una canción que no conozcan si les dan un papel con las notas musicales. Desde pequeños aprenden solfeo y a los niños se les inculca el gusto por la música clásica sin darles la sensación de que sea algo de élites. En los colegios hay coros, en los que los niños pueden participar. En España creo que sigue siendo elitista tocar un instrumento. El otro día, en la clase de música del colegio, la profesora les pidió a los niños que llevaran los instrumentos que tocan y aparecieron unos cuantos: saxofón, violín, trombón, flauta traversera, guitarra y muchos tocaron el piano del colegio.

Hasta en la guardería ha aprendido la pequeña mía a tocar la flauta, y como yo no me lo he tomado nada en serio, cuando me vino un día diciendo que había aprendido a tocar una pieza de Beethoven y sacó las notas y se puso a tocar me dejó sin habla: "Ah, eso en mi pueblo es 'La canción de la alegría', de Miguel Ríos", pensé ... igualito, claro. Y aunque llevo muchos años expuesta a tanta cultura musical, no he conseguido desarrollar el gusto por la música clásica, seguramente porque me resulta ajena, por no haber crecido con ella. No entiendo de estilos, ni de compositores o épocas. Tengo una amiga que oye siempre música clásica en el coche y tararea las piezas. Yo no tengo oído para ello, y reconozco que me he quedado dormida en algún concierto, a los que hace muchos años que no he vuelto. También he ido un par de veces a la opera (y porque me regalaron las entradas, al igual que a los conciertos), y tampoco me llegó a decir nada. Entre que no entiendo lo que cantan y toda la teatralidad, no consigo meterme dentro, y menos aún que se me meta dentro a mí. La emoción que siento con el arte y con la literatura, no he conseguido sentirla jamás con la música clásica.

Por eso sigo anonadada de que mi hija pequeña quiera aprender a tocar el violonchelo (ni idea de por qué este instrumento tampoco), y como lo lleva diciendo desde hace un año, va a comenzar el curso que viene. Pero más me sorprendió el otro día cuando me dijo que también quiere aprender a tocar el órgano. Hace poco lo oyó tocar en la iglesia, donde acudió con la guardería y un señor les dejó probar: "Y ese señor da clases", me dijo después. No sé si sería un evento publicitario, pero desde luego que surtió efecto. A lo mejor debería acudir yo a algo así para animarme a tocar algún instrumento. El afinador de pianos que viene a mi casa cuando mi familia tan musical lo considera necesario, ha tratado un par de veces de convencerme. Cuando a su pregunta de si toco algo le respondí que no, me dijo que para tocar un instrumento y enamorarse nunca es tarde. Buena teoría, aunque adivinen cuál de ambas cosas me parece mejor...