sábado, 17 de abril de 2010

Poesía en el cine

Pocas veces tiene uno la sensación de ver poesía en una película, pero eso ocurre con "A single man" ("Un hombre soltero"), de Tom Ford. Ahora mismo caigo en algo que no he tenido en cuenta hasta ahora: que es un diseñador de moda el que dirige la película, y ahora entiendo la estética tan cuidada de los detalles, en las ropas, en los muebles. El color es entre tenue y estridente, suave en los momentos de dolor, en contraste con lo chillón de las gentes "normales", como los vecinos con sus vidas perfectas, la niña con su vestido azul y la madre de un rojo escandaloso.

El tiempo de la película son 24 horas en la vida de una persona sin futuro, como él mismo dice, que al levantarse siente la losa de no poder soportar vivir sin vivir. El personaje encarnado por Colin Firth es un profesor de literatura en la universidad, homosexual, que ha perdido a su pareja en un accidente de tráfico y sin el que la vida ya no tiene sentido para él. Soledad, falta de motivación, haber perdido el rumbo, estar en un callejón sin salida. Sensaciones que retransmite la película con imágenes, miradas o a través de recuerdos. Impactante comienzo, en el que el protagonista parece un espectador de su propia vida, para luego hacia el final de la película ir descubriendo otra vez sensaciones perdidas. Rocambolesca y grotesca escena la del intento de suicidio, la meticulosidad al colocar la almohada, la elección de la postura, del lugar, y que acaba produciendo risa.

Me quedo con el dolor que siente el personaje principal porque su alrededor considere anómala una relación que para él lo fue todo, que no fue un sucedáneo de ninguna vida mejor, porque fue la vida mejor, el maldito comparar con los cánones, con el estándar. No son horas para escribir una recensión de una película, pero todavía tenía que reflexionar sobre tanta poesía y melancolía. Ahora puedo dormir tranquila o al menos agotada.

viernes, 16 de abril de 2010

Una meta

Todos necesitamos metas a las que llegar en la vida, y yo ahora mismo me acabo de poner una muy concreta: llegar a la meta tras haber corrido 20 km en Bruselas el 30 de mayo. A veces ocurren cosas raras, y me alegra que algunos deseos se cumplan, pues ojalá fuera así con todos, pero cuando empecé a correr, hace año y medio, dije que una carrera que me encantaría correr es la llamada "20 km de Bruxelles". Este año lo tenía descartado pues estoy bastante desentrenada tras el duro invierno, y además es muy difícil conseguir una inscripción a la carrera, pues los 30.000 dorsales se acaban de inmediato.

Como sigo en facebook e incluso le he cogido el gustillo para cotillear y encontrar a gente que se quedó en alguno de los caminos del mundo, me he topado hace poco con un sevillano con el que nos pasábamos unas buenas juergas a la puerta del cole mientras esperábamos a los críos él, otra española y yo. El otro día surgió la cosa: que me gustaría correr la carrera le dije, y él que me conseguía una inscripción, y yo que si lo decía de verdad, y que si me la conseguía que iba, y él que sí, que lo decía en serio, pero que si no me importaba correr por un inglés, que ahora no puede, y yo que vale, que no discrimino a nadie, pero que tiene una madre alemana, me dijo, ah, vale, entonces sí, le dije, pero que mientras no me pidan hacer su marca que está bien. Pero resulta que se puede cambiar la inscripción a mi nombre, así que no correré en nombre de ningún inglés, sino con mi nombre, como corredora que no ha corrido jamás 20 km, sino como mucho 12 ó 13 km y tan sólo una carrera de 10 km. Pero como hay que tener metas en la vida, y yo ahora más que nunca necesito una que me parezca casi inalcanzable, para allá que me voy. Un par de clics, y billete de avión listo. Ahora toca entrenar...

A veces las cosas surgen sin que te lo esperes, y la página oficial de la carrera dice que faltan 43 días, 22 horas, 21 minutos y 54 segundos. En cuanto haga otro clic y publique esta entrada, empezará la cuenta atrás de verdad. Todo esto me hace alegrarme, pero me trae a la vez muchos recuerdos, por lo que significa correr para mí, lo que evoca, y por lo mucho que me gusta Bruselas. Demasiadas sensaciones, y tan recientes. Espero llegar.

jueves, 15 de abril de 2010

Milagros lingüísticos

Hoy me quedo con este titular: "Milagro tras estar en coma: croata habla de repente alemán fluidamente". Me parto. Estamos ante un nuevo método para aprender idiomas. Una niña de 13 años sufrió un coma de 24 horas y al despertarse empezó a hablar alemán, y eso que había empezado a aprenderlo hace poco. Ahora lo domina y ha olvidado su idioma. Los científicos están estudiando el caso, y no me extraña.

Estoy por proponer este método y evitar a mucha gente el mal trago de aprender lenguas extranjeras. Pero la cosa tiene sus pegas: primero porque te olvidas de tu lengua, y segundo porque podrías ponerte a hablar algún idioma minoritario con el que no te entienda nadie. Todavía el alemán lo hablan 100 millones lo menos.

Estoy por mandar a muchos de mis alumnos, los que parecen venir a enseñarme a mí español a las clases de principiantes y que cuestionan todo lo que digo: "No, yo he oído que se dice 'vffino' y no 'vino'", o "en 'me llamo', ¿por qué hay que poner el "me" delante si no hace falta?". Y por más que les digo que "guarradas" así hay en todos los idiomas, y que por mucho que ellos crean que sólo los españoles somos torpes a la hora de aprender idiomas, que a ellos no les va a costar menos. Parezco la profesora de baile de "Fama": "chicos, la fama cuesta", o mi lema "chicos y chicas, aprender un idioma es trabajo duro; y yo no soy el espíritu santo que os lo retransmite". Y por un fenómeno natural, el grupo se va reduciendo. Quiero creer que no es por mí, pues es un fenómeno que se produce en todas las clases de idiomas: si empiezan 20 acaban 8. Porque se dan cuenta de que no es tan fácil como se creían: "El español es muy fácil; el francés sí que es difícil", dicen. Pero para aguafiestas yo: "No, bonitos, el español es quizá más accesible, por la pronunciación más sencilla, pero los verbos, ay, los verbos, iros preparando". Ayer me dijo un alumno que le gustan mis amenazas, que le doy miedo, cuando auguro verbos irregulares cuyas raíces cambian por capricho. Me lo tomé como un cumplido, y al que no se lo crea le mando a Split, a la operación esa de la que salió la chica ayer hablando fluidamente alemán. Debe haber lo mismo para el español.

Y hoy han venido 8 otra vez a mi clase que empezó con 20, a las tres horas de martirio que les meto, y les he dicho que en las clases de principiantes el profesor es como el presentador de un programa de entretenimiento, y me han dado la razón. Y hoy me han hecho un regalo: un alumno me ha grabado dos CDs: uno de Chambao y otro de ... Carlos Baute, con la canción de "Colgando en tus manos". Mi alegría ha sido inmensa, porque es una canción que me hace mucha gracia, y hemos empezado la clase oyéndola y yo contándoles que fue la canción del verano, y cuando les he descrito como es la actuación de Carlos Baute y Marta Sánchez me han dicho que yo debo entonces bailar como ella con esa superminifalda. Y yo, "no, no", aunque ahora, pensándolo bien, a lo mejor es otro método de enseñar y de que por fin me crean cuando digo que una lengua no es sólo otro conjunto de palabras, sino una forma distinta de etiquetar el mundo, otras gafas a través de las que se ve lo mismo o incluso otros matices. De momento, esos 8 quieren seguir, y ya es mucho, pues minifalda no habrá. Ni les induciré un coma que produzca milagros. Así que a currar todos.

miércoles, 14 de abril de 2010

Estropicios

Soy experta en hacer estropicios. Desde siempre. Y tengo rachas. Pero la semana pasada hice un par de ellos. Todo empezó durante la comida del domingo de Pascua, comida familiar aquí en Alemania. Puse el mantel blanco inmacnulado de lino y sin haber probado el vino de la comida, tiré la copa, manché todo el mantel, rompí la copa, y bueno... no quedó todo ahí. A los pocos días, eché un quitamanchas potente que tengo y lo metí en la lavadora, pero no lo lavé hasta el día siguiente; gran error, pues cuando lo saqué, lavado, no di crédito a mis ojos: el quitamanchas había quitado la mancha del vino, pero había dejado una gigante de color beis oscuro en mi mantel blanco inmaculado, que ya no lo es, y además me ha hecho agujeritos en toda la superfice de la mancha (tamaño servilleta grande). Pues sí que me ha durado el mantel. Me lo compré el año pasado, pensando en las amigas que tengo que ponen manteles blancos inmaculados y que incluso los llevan a almidonar, como hice yo toda orgullosa tras la cena de Nochebuena, y los ponen siempre tan perfectos, con la mesa tan perfecta puesta. Y yo, que soy defensora de los hules (por qué será), pensé que debería tener uno así para Navidad, Pascua, y para cuando viene alguna amiga mía tipo Bree van de Camp de "Mujeres Desesperadas". Pero la que no vale para anfitriona perfecta no lo vale; así que volveré a sacar mi hule la próxima vez y sin complejos.

Y como se acerca el Día de la Madre, pienso en el estropicio de hace dos años. Como tal día me parece absurdo y nunca me pido nada, hace dos años hice una excepción para recuperar todos los regalos perdidos, y me pedí un móvil nuevo, que falta hacía; necesitaba la excusa perfecta. Mi flamante modelo "Día de la Madre" me duró cuatro días: estaba en casa de una amiga y fui al baño y como lo llevaba en el bolsillo (como hago siempre), se me cayó al váter... Por poco me da un síncope. Cuando aparecí por la tienda, el vendedor no daba crédito a sus ojos: mandó el móvil a arreglar, pero el agua se había cargado toda la electrónica, así que me tuve que comprar uno nuevo, por lo que tiré bastante dinero a la basura, y maldije que con el móvil viejo no hubiese pasado nunca nada. Cada vez que estoy en casa de esa amiga miro el váter "come-móviles" con miedo, y ella se ríe.

Luego están los estropicios que salen bien. El jueves fui al dentista con mis hijas. Por la tarde me voy a trabajar y al volver ellas me dicen que habían llamado del dentista por si había perdido la tarjeta del móvil allí. Y como mi móvil funcionaba perfectamente, aunque la foto de la pantallita se me había ido, yo dije que no podía ser la mía. Al día siguiente, al querer poner la foto otra vez, me di cuenta de que sí que era la mía, y no me explico cómo se me salió del móvil y se quedó allí. Y demasiada suerte que se cayó allí y no en la calle, o en una alcantarilla, o a un charco, o que un perro hubiese hecho sus necesidades encima. O como hace poco que me dejé mi plancha encendida un par de horas, hasta que el olor a caliente me hizo salir corriendo y di gracias de que el percance no acabase en incendio y yo estuviese en casa.

Así que en rachas así tiemblo, pues no sé cuál será mi siguiente estropicio. Mi tío de California siempre cuenta que yo me cargué toda su cristalería, que el año en el que viví en su casa no ganó para vasos. Con los años me he ido sofisticando, y los estropicios son más caros ("contigo la vida no es aburrida", me dijo alguien una vez, "y cara", dije yo). Pero mientras sean daños materiales, no es lo peor. Esos son replazables, y no los estropicios de índole inmaterial. Qué es un móvil o un mantel en comparación con las personas que se pierden, o con sensaciones rotas.

martes, 13 de abril de 2010

Ya está aquí la copa

Iba a escribir de otra cosa hoy, pero de nuevo el fútbol me puede; ni que me gustara o me interesara tanto ..., pero la actualidad manda. Acabo de leer que ya está en Hamburgo la copa de la UEFA. Michel Platini se la ha entregado hoy a Ole von Beust, el alcalde de Hamburgo, y Platini se ha dado una vuelta por el estadio del Hamburgo, donde se jugará la final de la Europa League el 12 de mayo. Como me han anunciado unos cuantos que de llegar el Atleti a la final, "a lo mejor..." (cito a mi sobrina de dos años que dice siempre ese "a lo mejor" con tal salero...) ...a lo mejor esos forofos o menos forofos del Atleti vendrían a ver el partido, y como a mí me encanta todo tipo de fiesta, mismo si es por el fútbol, espero que llegue el Atleti a la final. Yo apuesto por una final Atlético de Madrid - Hamburgo (HSV), para darle emoción a la cosa. Así que ambos tienen que ganar en semifinales, y yo daría cobijo a los fans del Atleti que fuera necesario (bueno, es un decir, no a todos...).

Y como ayer ganó el St. Pauli, el equipo castizo de Hamburgo, al Augsburgo, y "a lo mejor..." podría subir a primera división, el ambientillo futbolero aumenta en esta ciudad, que de por sí lo tiene y mucho. Mismo ayer, en el supermercado, había un niño metido en el carro de la compra que su madre empujaba cantando "HSV for ever and ever", el himno del Hamburgo, eso sí, con tal desgana que yo pensé que sería porque el Hamburgo todavía no está en la final. Y la amiga con la que mis hijas fueron a la heladería de aquí cerquita a comprarse un helado, volvió con la lengua azul. Como yo siempre tiemblo de que me denuncien por no estar debidamente al cuidado de los niños visitantes, le pregunté toda asustada que qué había comido. Me dijo que se había pedido encima de su bola de helado unas bolitas con los colores del Hamburgo, azules, blancas y negras, HSV-Streusel (aquí los niños se piden siempre unos anises para decorar las bolas de helado). Ah, el fútbol, menos mal. Pero como la madre es médico y encima me debe una porque mi hija pequeña se rompió un brazo en su casa, y como el padre y hermano de la niña son forofos del HSV, respiré aliviada pensando que si se intoxicaba, al menos era por amor al club, y encima está en buenas manos.

El alcalde de Hamburgo se pide al Liverpool como contrincante, por los Beatles, dice, que empezaron en Hamburgo (qué pelotas son ... -ahora pienso que puedo decir "tienen", pero no). Y yo, por fastidiar, y para que nos inunden la ciudad los rojiblancos y se tomen unas copitas por St. Pauli, me pido a los atléticos. A ver quién se lleva la copa de la UEFA, pues de las otras habrá para todos.

lunes, 12 de abril de 2010

Una ministra estupenda

Con la impaciencia que me caracteriza de querer solucionar los problemas hoy y no mañana, sigo sin creerme que va a haber un cambio en la actitud frente a las madres trabajadoras en este país. Pero si alguna vez lo hubiera, y ojalá lo haya, y como digo, mejor hoy que mañana (por si me tocara algo...), mucho habría que agradecérselo a la ministra Ursula von der Leyen. Actual ministra de Trabajo y anterior ministra de la Familia, es uno de los miembros más competentes del partido conservador, y está sabiendo luchar como nadie para que las mujeres salgan del ostracismo laboral en el que vivimos en este país. Como los resultados todavía no son palpables, y a mí por desgracia no me tocarán, los veo con escepticismo. Pero admito que nadie como ella está sensibilizando a la sociedad alemana de que algo debe cambiar en un tema que está tan asumido y tolerado, incluso por las propias mujeres.

Ursula von der Leyen, además de ministra, es madre de siete hijos, y haber llegado a ese puesto en Alemania tiene su mérito, más que a canciller sin hijos, como Ángela Merkel. Médico de profesión, von der Leyen tuvo a sus primeros hijos en Alemania, donde supo lo que significa tener que recogerlos a la una de la guardería y tratar de conciliar horarios imposibles. Por un traslado de su marido a California, supo que existen sociedades en las que lo normal es que las madres trabajen, y donde existe una infraestructura que lo permite mejor, pero aparte y sobre todo, como ella mismo dijo en una entrevista que leí hace tiempo, le supuso liberarse de la presión que existe en Alemania contra las Rabenmütter, las 'cría cuervos', como se llama aquí a las que trabajan. Y allí se decidió a tener más hijos. Yo hubiera hecho lo contrario, y no hubiera vuelto (pero mejor no hablo...).

Al volver a Alemania se metió en política, y tras las reformas encaminadas por ella cuando fue ministra de la Familia ahora anuncia como ministra de Trabajo una que me parece más intersantante aún: sacar a las madres que están ellas solas al cargo de sus hijos del subsidio de desempleo Hartz IV (un 40 % de las madres solteras o sin pareja lo reciben), que es lo último que te queda en Alemania cuando no tienes trabajo o ya no recibes otras ayudas. Y ese subsidio es el umbral de la pobreza en muchos casos y la condena a no encontrar un trabajo jamás. Como ella critica, no hay plazas en guarderías y colegios con horarios que permitan trabajar, pero lo que me parece más importante aún es que lo que hay que cambiar es el rechazo que hay en la sociedad hacia las madres que trabajan, pues como ella sabiamente dice, pues yo lo he vivido, mismo en la Oficina de Desempleo piensan que "si hay un niño, no tiene sentido mediar". Tan simple como eso. Como yo he vivido en este país durante más de dos años lo que supone buscar trabajo como madre, sé que no sólo se trata de crear guarderías y ampliar los horarios de colegio, sino lo que pide la ministra: "Quiero una nueva mentalidad con más flexibilidad y sensibilización". Ahí está el problema. Con la mentalidad decimonónica de pensar que los niños son más felices saliendo del cole a la una, y que es lo más normal del mundo que madres altamente cualificadas salgan del mercado laboral y no puedan regresar a él por la falta de infraestructura y discriminación que sufren, dudo mucho que algo vaya a cambiar. Pero adelante, señora von der Leyen, siga usted, que va muy bien encaminada, aunque a muchos de su partido seguramente no les guste ni oírlo. Y como creo en el poder de la palabra, con frases como éstas hasta yo me haría votante del partido conservador. Pero digo "me haría", pues para eso tendría que poder votar en este país, lo cual no es el caso, y demasiado tendrían que cambiar las cosas o lo que es mejor, que me resarcieran por los años perdidos. Pero siga siga. De momento me está sorprendiendo.

domingo, 11 de abril de 2010

Botánica primaveral y más

Aquí vivimos la primavera como algo que llega a trancas y barrancas, y me refiero al clima, pues la apoteosis de la naturaleza es lo único imparable, ya que sigue su curso habitual ignorando si llueve o hace sol, y un día florece una florecilla, otro otra, luego un árbol, y otro, y los habitantes de estas latitudes nos quedamos abobados cada año pensando que hay vida más allá de tantos meses de árboles pelados y poca vegetación, salvo abetos. Ahora vamos por los tulipanes, tras los crocus y narcisos, y empiezan a florecer los árboles tipo cerezos o las forsythias (lo que me ha costado encontrar el nombrecito, con mis superconocimientos de botánica) que son unos arbustos que se ponen ahora de un amarillo chillón para acabar siendo luego un simple seto de hojas verdes. Yo misma ando mosqueada ya toda la semana pensando que hay aparcado un coche de correos en mi puerta, pues el cristal translúcido de la puerta de casa deja entrever todo el rato algo amarillo que durante el invierno sólo puede ser la furgoneta de correos que trae algún paquete para alguien, pero ahora, ese brillo amarillo constante es la forsythia de la vecina de enfrente. Todos los años vuelvo a picar.
Y las magnolias, una de mis favoritas, empiezan a ser ya capullitos que pronto se abrirán. Son flores tan efímeras que siempre me pregunto si merece la pena plantarlas, pero los árboles de magnolias son espectaculares, algunos gigantes, y cumplen su efecto de hacernos despertar, de atraer nuestra mirada hacia ellos, y pedirnos que los admiremos y disfrutemos de ese instante antes de que pierdan esas flores que duran tan poco. Una pena, pienso siempre, como esos momentos de felicidad tan efímeros que pasan tan rápido.

Pero el clima en primavera aquí no es como la naturaleza y no se puede prevenir. Tras un día precioso de sol ayer, hoy ha amanecido un día que parecía otoñal, gris y con lluvia, y con temperaturas bastante fresquitas, y ha sido un día muy tristón. Es como si dieras un paso adelante, y unos cuantos hacia atrás. Aquí se dice que las hamburguesas (y me refiero a las señoras de esta ciudad) se quitan las medias en Semana Santa y no se las vuelven a poner hasta octubre, y que es la temporada de llevar calzado sin medias. Bueno, yo no me he quitado las botas todavía, y como no soy hamburguesa, para mí existen dos temporadas de calzado: la de botas, que va de octubre a finales de abril, y la de llevar otro tipo de calzado, ¡y con medias! muchos días. El día que guarde las botas en el armario será primavera. Mientras tanto, salvo por la naturaleza imparable, no lo es todavía. Es como adelantar pero sin hacerlo. Como mi hija pequeña hoy, que por fin lee. Con el sistema escolar tan anodino en el que en primero a estas alturas de curso no han acabado ni el abecedario, me da la sensación de que voy a cargar con una analfabeta el resto de mi vida. Pero por fin puedo aclamar a los cuatro vientos cibernéticos que lee. Ya en Madrid hace un mes iba leyendo por la calle "Te-le-fó-ni-ca", pasito a pasito, y hoy, jugando en el ordenador se ha puesto a leer sílaba a sílaba la frase siguiente: "Du hast leider verloren", "Por des-gra-cia has per-di-do". Tanto esfuerzo para leer eso. Lo dicho: un pasito para delante, y varios para detrás. Así me siento yo también.